La Junquera, un pequeño municipio del Alt Empordà, de poco más de 3.000 habitantes, es una localidad fronteriza con Francia y la más alejada hacia el este del país, lo que la convierte prácticamente un paso entre naciones.

Sin embargo, hay otro motivo por el que es muy famosa: la prostitución.

Actualmente, se calcula que hay una prostituta por cada diez habitantes empadronados en el pueblo. Unas cifras que hacen convertir a este sector en el principal dentro de la localidad.

Su localización geográfica -en la frontera con Francia, donde la prostitución es ilegal-, la convierten en idílica por los turistas que quieren aprovechar esta clase de actividades.

En la Junquera se encuentra el puticlub más grande de España, así como cuatro macroburdeles que amplían la oferta por los interesados.

Además, multitud de clubes y alternativas autónomas, que convierten al pueblo en un auténtico espacio de vicio. Para él, un buen número de franceses traspasan la frontera, para poder encontrarse con prostitutas sin miedo a ser multados, como sí los pasaría en su país.

Más francés que español

En el Ayuntamiento de la Junquera ondean dos banderas: la catalana y la francesa. Los carteles de los locales están traducidos en ambos idiomas, ignorando el español.

La gran llegada de turistas, que vienen a disfrutar de las facilidades del pueblo, además de aprovechar el contrabando con sus compras, por el precio reducido en el que encuentran los productos, ha provocado que el municipio sienta más afinidad por los vecinos del norte antes que por los del mismo territorio.

«Putas siempre hubo, pero ahora parece que las riegan», refiere un dicho popular del municipio gerundense.

Con esta, queda más evidente la impresión de los ciudadanos, que ven, cada vez más, como crece el número de prostitución, ligado a la llegada de población extranjera, ya que se considera que el 90% de los ciudadanos tienen origen francés.

Un paso sin vigilancia y la salida de la crisis

El paso fronterizo que representa la Junquera lo convierte en un municipio muy transitado por los que quieren pasar de España a Francia mediante el mediterráneo.

Además, representa el trayecto más cómodo por los traficantes de productos de contrabando, ya que desde 1995, cuando se suprimieron las fronteras, la conexión entre ambos países se encuentra completamente sin vigilancia.

Los productos españoles siguen siendo más económicos que los franceses. El alcohol o el tabaco se encuentra por un precio reducido, con bastantes euros de diferencia, lo que convierte a la Junquera en un municipio atractivo para los que quieren comprar productos con alto valor añadido.

Esto, ligado a que Francia se encuentra en un momento de auge, donde su salida de la crisis parece prácticamente total, ha provocado el aumento de su consumo.

Además, la prostitución entre los jóvenes franceses se considera aceptada, pero al estar prohibida en el país, tienen que buscar una alternativa para poder disfrutar.

La Junquera se convierte en la localización perfecta.

Sin duda, el caso de este pequeño municipio catalán es considerado extraordinario. La existencia de un pueblo-burdel, el cual se considere más francés que español, parece como mínimo curioso.

El crecimiento de la economía y las facilidades legislativas españolas por este sector, lo transforman en un espacio perfecto para los interesados, por lo que parece que se seguirá manteniendo la curiosa tradición que existe en la Junquera.